¿Qué es el software libre?

El software libre es, ante todo, una forma ética de entender el
software o los programas de ordenador. Eso incluye tanto la fabricación de los programas como su distribución y su utilización. Por lo tanto, el software libre no está orientado (ni es patrimonio exclusivo) únicamente a la gente capaz de escribir un programa, o a la gente que posee empresas y por tanto está en condiciones de hacer negocio con los programas de ordenador.
Por contra, el software libre tiene que ver con el usuario tanto como con los desarrolladores o los comerciantes. O tal vez incluso más, ya que es la libertad de los usuarios el único objetivo del movimiento del software libre.

Así que el software libre como concepto y el movimiento que lo hace
crecer y evolucionar es un concepto (y un movimiento) ético. Mucha gente se confunde y considera el
movimiento del software libre como un movimiento eminentemente técnico. Mientras que esto último puede ser cierto para otros movimientos similares (por ejemplo, el movimiento Open Source) no lo es en absoluto cuando hablamos de software libre.

Pero, ¿qué es, exactamente, el software libre?. La definición mantenida por la Fundación para el Software Libre dice que para que un programa de ordenador sea considerado software libre debe respetar cuatro derechos o libertades considerados como fundamentales para el usuario de ese programa:

  • Los usuarios deben tener derecho a utilizar el programa,
    sin restricciones, donde quiera, como quiera y para lo que
    quiera.
  • Los usuarios deben tener derecho a estudiar cómo funciona el
    programa y, si lo desean, a adaptarlo a sus necesidades
    específicas.
  • Los usuarios deben tener derecho a distribuir copias a sus amigos,
    empleados, conocidos, empleadores y, en fin, a cualquier persona que
    deseen.
  • Los usuarios deben tener derecho a mejorar el programa, publicar y
    distribuir sus mejoras al público (o a quien deseen) de modo que
    más personas salgan beneficiadas de los cambios.

Mucha gente se pregunta por qué es tan importante para nosotros que
el usuario disponga de esos derechos, hasta el punto de montar un
movimiento y ser parte integrante (¡y trabajadora!) del mismo. Sin
duda eso requiere de una explicación, que presentamos aquí repasando
derecho por derecho.

El derecho a utilizar

El primer derecho o libertad, el que trata sobre el derecho a
utilizar
software, puede sorprender. ¿Acaso no tiene la gente
derecho a utilizar un programa que ha comprado en una tienda, por
ejemplo?. La respuesta es que cuando una persona "compra" un
programa de ordenador que no es software libre
(programas privativos, los llamamos) por lo general no

dispone del derecho de utilización ilimitada que nosotros
consideramos inevitable: el usuario está limitado a utilizar el
programa para determinados objetivos (prohibido usar este
programa de forma comercial
) o en determinados sitios
(prohibido usar este programa en el país X y el país Y) o en
un número determinado de máquinas (prohibido usar este programa
en más de una máquina al mismo tiempo
). Estas restricciones
son muy habituales cuando hablamos de software privativo, y pensamos
que son inadmisibles. Por eso hacemos énfasis en el derecho a
utilizar: es vulnerado constantemente por las compañías y empresas
que fabrican y distribuyen software privativo.

El derecho a entender

Por otra parte tenemos la segunda libertad para el usuario: el
derecho a entender
cómo funcionan los programas que nos
distribuyen, y a adaptarlo a nuestras necesidades. De nuevo, este
derecho fundamental se ve vulnerado cuando de software privativo
hablamos: por lo general, el software privativo se distribuye en
forma de ejecutables (equivalentes a los ficheros ".exe" en entornos
windows) sin que le acompañe el código fuente

correspondiente. El código fuente de un programa es su
forma entendible y modificable por un programador. En
cierto modo, es como el manual de instrucciones de algún aparato. Si
compramos un mando a distancia universal, ajustado de fábrica a
nuestro televisor, y no viene con instrucciones, no seremos capaces
de utilizarlo en nuestro otro televisor, el de la cocina. Por
contra, si tenemos acceso a las instrucciones, podremos sintonizar
el mando con tantos televisores como queramos. En eso consiste
adaptar los artefactos que utilizamos a nuestras necesidades. En el
caso de los programas de ordenador, para ello necesitamos el código
fuente.

El derecho a distribuir

De aquí nos vamos al tercer derecho o libertad: el derecho a
distribuir
programas de ordenador de forma gratuita o,
alternativamente, cobrando algo a cambio de hacerlo. Este es tal vez
el punto que mejor comprenden los usuarios de programas privativos
cuando quieren aprender qué es el software libre. Es natural, ya que
la industria del software privativo hace contínuos esfuerzos para
intentar convencer a la sociedad de que copiar programas de
ordenador es algo que no debe hacerse. Nosotros, por el contrario,
pensamos que el poder ser copiado sin necesidad de grandes recursos
(con una unidad de grabación basta) y la característica peculiar de
que la copia no pierde calidad respecto al original no es algo malo:
por el contrario, es casi lo mejor que tiene el software. Copiar
programas de ordenador y distribuirlas es algo que beneficia a la
sociedad. Es de sentido común. Realizar copias de programas
privativos es algo ilegal en la mayoría de los países. Por eso
proporcionamos software libre: es perfectamente legal copiarlo. De
esta forma tanto el usuario como la sociedad se benefician, y nadie
sale perdiendo (la copia original no funciona peor por haber hecho
una o millones de copias). Es importante un detalle: el software
libre no tiene por qué ser gratis. Es perfectamente posible
distribuir software libre a cambio de dinero. Así es como pueden
ganarse la vida los programadores y distribuidores. Ahora bien, eso
no justifica el hecho de vulnerar los derechos de la gente que paga
por obtener una copia del programa: el usuario puede distribuir sus
propias copias, cobrando por ello si lo desea.

El derecho a mejorar

El último derecho o libertad fundamental, el derecho a
mejorar
el software y distribuir las mejoras, es tal vez el que
más controversia genera. Obviamente, el usuario de software
privativo no puede mejorar los programas que utiliza: aunque
quisiera y supiera hacerlo, por lo general no tiene acceso al código
fuente. Y aunque lo tuviera (puede distribuirse el código fuente y
no obstante no ser software libre) sería ilegal modificar ese código
fuente. Sin embargo, el software libre siempre se distribuye con su
código fuente, y además es totalmente legal modificarlo. La objeción
típica a este derecho suele ser: "bien, vale, tengo el código
fuente. Pero YO no sé modificarlo para mejorarlo. ¿De qué me sirve
entonces tenerlo?". La respuesta a esa pregunta (muy habitual y muy
comprensible) es que para mejorar o modificar un programa no es
necesario hacerlo uno mismo. De la misma forma que una persona puede
llevar su coche a un taller a que se repare (o se le introduzcan
algunas mejoras) y además puede hacerlo al taller que más le guste
(el fabricante del coche no puede poner restricciones) el usuario de
software debe poder contratar a un profesional (o a una empresa, o
pedir a su primo el informático que lo haga gratis) que mejore el
software libre que ha comprado o que ha descargado de internet. Si
el mismo usuario compra o descarga software privativo y quiere
mejorarlo, entonces depende totalmente de la compañía que le vendió
(o proporcionó via internet) el programa. Si la compañía decide que
las mejoras deseadas por el usuario no son rentables o no son
convenientes por alguna otra razón, no las incorporará al
programa. El resultado es que con software privativo el usuario
siempre pierde. Con software libre, por el contrario, el usuario es
libre y no está atado a ninguna compañía ni empresa. Además, el
usuario puede distribuir el programa que incorpora sus mejoras
gratuitamente o por un pago (aquí aplica el tercer derecho explicado
anteriormente). Y otra cosa importante: el usuario también tiene
derecho a no distribuir sus mejoras si no quiere. Una persona
puede descargar o comprar software libre, introducirle mejoras, y no
redistribuir ni hacer públicas dichas mejoras.

Como hemos visto, estos cuatro derechos o libertades a los que
llamamos las libertades fundamentales del usuario de software
libre
no son caprichosas ni aleatorias: se trata de un concepto
muy pensado cuyo único objetivo es hacer que la sociedad sea celosa
de sus derechos también cuando compra o descarga programas de
ordenador.

Artículo extraído de GNU España

Se adjunta también un Mapa conceptual del software libre, extraído del mismo site, que en un sólo esquema resume muchos de los conceptos y actores implicados en este escenario.

AdjuntMida
mapaSoftwareLibre.png178.25 KB

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